
Te pregunto: ¿qué es lo más maravilloso que recordás?; ¿qué es lo más bello que has hecho en tu vida? ¿Y lo más loco? ¿Y lo más santo? ¿Cuál será la marca que dejarás, como un tatuaje en el pómulo de un ángel, a los que se pondrán tus zapatos, tus genes y tu apellido cuando te estés pudriendo como un perro un par de metros bajo tierra?
- Hoy es un buen día, me dijo.
Ya no somos felices. Y no lo somos desde el día en que perdimos la ingenuidad primera. A partir de entonces, todo se redujo a ejecutar con mayor o menor éxito ciertas operaciones de cambio: respirar, erguirnos sobre dos patas, adoptar un lenguaje y separarnos del mundo hasta jerarquizarlo. Esto, para empezar. (Más …)